Bienvenido a Sector Ejecutivo, revista de Economía y Empresas / España, Nº 227 Diciembre de 2017

Manuel Alonso Puig, presidente y consejero delegado de Schiller International University

Juan Comas

En un mercado laboral cada vez más globalizado, donde las fronteras se difuminan y en el que los jóvenes ya han perdido el miedo a labrarse un futuro fuera de su país, se hacen necesarias instituciones académicas que preparen perfiles profesionales competitivos en un ámbito económico global. Con esta filosofía nacía Schiller International University en la Alemania de 1964. Medio siglo después, y con cuatro campus repartidos entre Europa y Estados Unidos, esta organización ofrece a sus alumnos un plan de estudios donde lo más importante es la dedicación al estudiante, dotándoles de una serie de herramientas y facilidades de carácter internacional casi únicas en el mundo, lo que nos explica Manuel Alonso Puig, presidente y consejero delegado.

Explíquenos los orígenes de la Universidad, fundada hace 50 años, y su incorporación al Grupo Palmer en 2010.
La Universidad fue fundada por el Dr. Walter Leibrecht, un alemán que estudió en EEUU durante la Segunda Guerra Mundial y al que le encantó el sistema educativo americano. Cuando volvió a Europa, estableció una universidad fundamentalmente para gente con visión internacional que quería formarse bajo el modelo americano. A partir de ahí, estableció el campus en todo el mundo, convirtiéndose en una de las primeras universidades americanas fuera de los EEUU. Con el tiempo, la institución pasó por dificultades económicas, y se le propuso a Russell Palmer, un hombre con experiencia en impulsar universidades, invertir en Schiller. Aceptó y Schiller entró en el Grupo Palmer en 2010.

Háblenos de su innovador ‘sistema mensual’, alejado del tradicional semestre académico.
Las universidades nos hemos dormido en los laureles de la innovación. Hay que innovar en el producto. Este sistema favorece el éxito del alumno, ya que durante un mes sólo están concentrados en un tema, sin distracciones. En otros casos, tienes tantas asignaturas que no sabes cómo y qué priorizar, por lo que Schiller huye de ello. Este modelo consigue el enfoque del estudiante, permite al profesor conocerle mejor y hacer la función de entrenador, mejorando su rendimiento, la motivación del alumno y, sobre todo, permite a los estudiantes empezar la carrera en cualquier mes del año.