Bienvenido a Sector Ejecutivo, revista de Economía y Empresas / España, Nº 281 Noviembre de 2022

Alejandro Jiménez, socio fundador de Bearing Global Partners

Paloma Serrano

Bearing Global Partners ha conseguido romper el patrón tradicional de las empresas de investigación y el análisis forense mediante una visión disruptiva, creativa e innovadora. Se inspiran en el modelo anglosajón de resolución de conflictos y disputas, alejándose de los servicios de consultoría generalistas.
Combinan la tecnología, sus capacidades investigativas y el conocimiento de los entresijos de las empresas para proveer un servicio genuinamente único y un verdadero traje a medida, ya que si no sería imposible responder a los retos del directivo en un mundo tan volátil como el actual.
Crean vínculos duraderos con sus clientes, demostrando día a día su obsesión por el valor de la privacidad, integridad y su total determinación con los proyectos, que incluye, ineludiblemente, elementos como el compromiso, la persistencia, la resiliencia o la actitud.
Su misión es la de proveer soluciones a conflictos y oportunidades de negocio para el directivo/a, a través de la investigación y la obtención de información.

¿Cómo surge la idea de fundar Bearing?
Bearing nace hace algo más de cuatro años a partir de la experiencia previa como directivos en diferentes disciplinas y sectores (Ciberseguridad, Tecnología e Investigación) de cada uno de sus socios.
En nuestras etapas profesionales anteriores, nos dimos cuenta de que, al margen de los asesores tradicionales en materia financiera, legal o tecnológica, era necesario tener una figura próxima con quien compartir determinadas situaciones (conflictos, decisiones complejas, riesgos…) que nos aportara superioridad informativa y así disponer de una posición más ventajosa en su resolución y, en definitiva, ser más influyentes en la organización.

¿A qué se refiere cuando menciona “superioridad informativa”?
Lo explicaré con un ejemplo. Un buen día, la secretaria del Consejo de una compañía del sector farmacéutico recibe una solicitud de reunión de uno de los empleados, que afirma tener que tratar un asunto muy “sensible” que afecta a la seguridad y a la reputación de la organización.
En ese encuentro, el empleado le entrega un pendrive con información del ordenador asignado al presidente de la empresa. Su intención, según comenta, es poner de manifiesto vulnerabilidades muy graves en los sistemas tecnológicos de seguridad de la información de la compañía. Asimismo, afirma que ya había alertado de este hecho a sus superiores anteriormente y ante la inacción de estos, ha decidido por su cuenta y riesgo obtener información clave aprovechando dichos puntos débiles para demostrarlo.
En una aproximación clásica de esta situación, intervendrían principalmente el departamento de IT y el departamento legal. El primero, verificaría que los hechos son reales y se han producido de la manera en la que el empleado ha expuesto. Y el segundo, exploraría las implicaciones legales a tener en cuenta.
Nuestro papel consiste en intentar responder las preguntas clave, ¿para qué lo ha hecho realmente? y ¿quién es el principal beneficiado de dicha acción? Preguntas para las que los departamentos internos de la empresa no disponen de las herramientas necesarias. Aquí aparece el concepto de superioridad informativa: ¿Hay más copias? ¿Ha colaborado con alguien más? ¿Es un mero peón de un tercero?
En esta situación concreta que afectaba no sólo al presidente, sino a los intereses de los accionistas de la compañía, nuestra experiencia nos decía que los hechos que se habían relatado estaban pensados para blanquear una acción delictiva y desviar la atención del foco principal. Este hecho fue corroborado tras hallar más copias de esa información y demostrando la vinculación del empleado con otra empresa del sector.
Como se suele decir, nada es lo que parece, y una cosa que nos define muy bien es nuestro pensamiento crítico, basado en un constante deseo de buscar, la paciencia suficiente para dudar, la afición de meditar, la lentitud de afirmar, la disposición para considerar y el cuidado para poner en orden.

¿A qué tipo de empresas se dirigen?
Más que a empresas, nos dirigimos a equipos directivos, ya que nuestro propósito es estar a su lado independientemente de la empresa en la que estén. No obstante, suelen ser directivos de compañías de cierto tamaño, desde medianas empresas de sectores muy diversos, pasando por empresas del Ibex, hasta Family Offices o Fondos de Inversión.