Bienvenido a Sector Ejecutivo, revista de Economía y Empresas / España, Nº 284 Febrero de 2023

Bodega Hermanos Pérez Pascuas

José Luis Guerrero

Un estudio realizado durante el pasado año por el Observatorio Turístico de las Rutas del Vino de España permite conocer los aspectos clave del perfil del enoturista en España. Un enoturista más femenino (61%), de 46 a 65 años, que viaja en pareja, o en grupo de amigos, en vehículo particular, visita dos bodegas por viaje, se gasta 35,76 euros en vino, y planifica su visita por internet.
La estancia media es de dos días y medio, con un gasto diario de 200 euros, un gasto total por estancia de 494 euros y en la visita a las bodegas puede llegar a ser de unos 25 euros.
Además de visitar viñedos, lagares y dormitorios de crianza del vino, el enoturista visita pueblos, disfruta de la gastronomía local, degusta vinos autóctonos, los compra y va a museos del vino si los hubiere.
Para profundizar en este mundo del enoturismo, “Sector Ejecutivo” ha viajado a una de las bodegas más emblemáticas de la Ribera del Duero como es Viña Pedrosa, donde los Hermanos Pérez Pascuas, Manolo y Adolfo, rinden pleitesía a todo aquel que se acerca por sus lares en Pedrosa de Duero (Burgos)

“Desde 1980 cuando fundamos Bodegas Hermanos Pérez Pascuas tuvimos claro que había que construir espacios para atender al visitante que entonces venía como amigo, si bien intuíamos que podía ir a más con el paso del tiempo, como así ha sido”, nos dice Manuel quien junto con Adolfo siguen al frente de esta bodega que es toda una institución. “Hicimos una apuesta decidida por el enoturismo y ahora estamos viendo los frutos”
“En nuestro proyecto contemplamos en su día la necesidad de disponer de un lugar social, una tienda, un espacio expositivo y todo lo que precisa el visitante”, insiste Manolo, acostumbrado a recibir no sólo a los proveedores y clientes, sino también a todos los que se acercan a esta afamada bodega, ubicada en el corazón de la Ribera del Duero burgalesa, a unos 4 kilómetros de Roa y 25 de Aranda de Duero.
Para Adolfo “queda mucho por hacer” y es partidario de atender al visitante de una forma personalizada y cercana. “Ello exige tener instalaciones adecuadas y contratar personas que muestren y enseñen los secretos del vino, además de darlo a probar por cuanto es uno de los manjares de la tierra”. Y además se propicia negocio para los hoteles y restaurantes del entorno de manera notable.

Preguntamos a Juan de la Vega, gerente de la compañía, si el enoturismo que nació como una actividad marginal, empresarialmente hablando, sin embargo, con el paso del tiempo se está consolidando como una acción de cierta importancia.
“Como muchas otras actividades, nos dice Juan, el enoturismo va surgiendo de la necesidad de atender a los visitantes que poco a poco se nos han ido acercando para aprender más sobre los vinos, de donde proceden, las viñas y sus suelos, cómo es su proceso de elaboración, etc. En un principio era el mismo propietario quien atendía y enseñaba con orgullo sus instalaciones y daba a probar sus vinos, pero llega un momento que el número de visitantes va creciendo y ya no puede atender a todo el mundo personalmente.
Hoy en día, la bodega que no apueste por el enoturismo se está perdiendo una parte muy importante, no solamente a nivel de facturación, sino sobre todo del contacto con el cliente final, cómo te perciben. Es la mejor forma de conectar con el consumidor ya que te va a contar cómo siente el vino, si le gusta, si está disponible en su localidad, etc. Cuando alguien viene a tu casa, te ha elegido a ti entre otras muchas opciones de bodegas y de ocio, lo que tenemos que hacer es que disfrute al máximo, agradecer su visita y atenderle lo mejor posible”
En relación a cuáles son las inquietudes que animan a las gentes que hacen enoturismo, el señor de la Vega lo tiene claro. “Hay diferentes tipos de enoturistas. Hay quien viaja por motivos profesionales, como pueden ser los hosteleros, sumilleres o periodistas, para aprender más sobre una zona y sus vinos, detalles técnicos, suelos, etc. Luego están los amantes del mundo del vino con mayor o menor conocimiento y que disfrutan normalmente no sólo de los buenos vinos, sino también de la gastronomía en general y aprovechan para comer por la zona. También está el turista clásico que busca cultura (castillos, museos, etc.) o naturaleza y lo combina con una visita para ver la bodega y finalmente el resto de gente inquieta y curiosa que en un momento dado se puede acercar a visitarte”.
Entre las distintas actividades que un enoturista puede hacer: recorrer los viñedos, visitar las instalaciones como las naves de crianza, conocer las fases de elaboración de los vinos, la cata, etc. ¿qué es lo que más llama la atención del enoturista?