Bienvenido a Sector Ejecutivo, revista de Economía y Empresas / España, Nº 222 Junio de 2017

Miguel Domecq Solís, presidente de la Bodega Entrechuelos

Miguel A. Gallego

Miguel Domecq Solís lleva, como su familia, toda la vida dedicado al mundo del vino. Con la puesta en marcha de la Bodega de Entrechuelos, se ha visto cumplido por fin aquel sueño que tuvo cuando tenía 25 años por recuperar los vinos tintos característicos de la localidad gaditana de Jerez de la Frontera. Unos vinos que poseen una enorme armonía, debido a la variedad de uvas que se emplean en su elaboración, y que, además, los dotan de un sabor y belleza difícilmente igualables en el mundo. Prueba de ello, son los reconocimientos que la Bodega ha obtenido en los pocos años de vida desde que Miguel Domecq lanzara el proyecto en el que ha estado involucrado en primera persona, y que ha seguido con enorme interés y expectación.

Háblenos de sus instalaciones y la tecnología que emplean para la elaboración de los vinos.
La producción del vino depende enormemente de la uva. Los enólogos dicen que no pueden añadir nada que no se encuentre ya en la uva. Por eso es prioritario cuidar la uva para que ésta aporte su mayor potencialidad y esplendor al caldo. Jerez tiene un clima atlántico y meridional y maduran las uvas siempre plenamente. Ésta es nuestra ventaja. No tenemos problemas de astringencia de cosechas con taninos inmaduros que tanto perjudican la calidad de los vinos de latitudes más norteñas. A partir de la entrada de la uva en el lagar, todo es cuestión de cuidado, no hay ningún detalle que no sea fundamental. Es importante la temperatura, la maceración, los fermentos, que la madera sea la adecuada, el tostado de esa madera, que esa madera sea nueva, o al menos reciente, que se cuide la sanidad… La tecnología nos ha dado una capacidad de control muy importante en estos procesos y por ello los vinos han mejorado tanto en los últimos años.