Bienvenido a Sector Ejecutivo, revista de Economía y Empresas / España, Nº 220 Abril de 2017

Ignacio Gil-Casares Satrústegui, presidente de Spencer Stuart España

Juan Comas

La actividad de Spencer Stuart se centra fundamentalmente en ayudar a las empresas a atraer y retener el mejor talento. Ayuda a las compañías a resolver sus problemas con soluciones de liderazgo, y en este sentido procura tener una información precisa y actualizada de los principales líderes a nivel mundial. Ignacio Gil-Casares Satrústegui, su presidente en España, indica: “Estamos presentes en 55 oficinas en todo el mundo y aunque no nos gusta dar grandes cifras del volumen de negocio, lo que sí podemos decir es que en nuestro sistema de seguimiento de directivos hay 1.500.000 personas de las que conocemos no solamente su experiencia, sino sus preferencias personales, encaje cultural, y su interés en los negocios de nuestros clientes”.

¿Qué opina de los directivos españoles? ¿Qué les falta? ¿Cuáles son sus virtudes? ¿Y de los miembros de los Consejos de Administración?
Sobre los directivos españoles lo único que puedo decir es que cada vez que tenemos una búsqueda internacional en la que uno de los candidatos es un directivo español, la percepción que se siente es que son altamente respetados y pueden competir con cualquier otro directivo de cualquier otra nacionalidad.

A veces les falta el estar dispuestos a pagar el sacrificio de trasladar su residencia fuera de España y el mover a su familia lejos de nuestro país. Sin embargo, dentro de sus virtudes destacan su capacidad de adaptación, su espíritu de sacrificio, su inmensa generosidad a la hora de dar y dedicar horas a la compañía para la que trabaja, y su marcado sentido de compromiso y espíritu de equipo que muchas veces los hace únicos. Honradamente, como español me siento muy orgulloso de ver que los directivos españoles, como decía anteriormente, compiten en magníficas condiciones con el resto de directivos de países, que en principio están más avanzados que el nuestro.

Con respecto a los miembros del Consejo de Administración y sabiendo lo peligroso que es generalizar, nuestra visión es que debieran estar más dispuestos a dedicarle algo más de tiempo a los Consejos de Administración donde están y no tener miedo a retar de una manera constructiva, tanto al presidente como al primer ejecutivo. El nivel de compromiso que suelen tener con la organización a cuyo Consejo pertenecen es altísimo, pero en muchos casos se considera una deslealtad el llevarle la contraria al presidente. Por esta razón en un número de casos relativamente alto, los debates en los Consejos de Administración de compañías españolas podrían ser mejorados de una manera notable.