Bienvenido a Sector Ejecutivo, revista de Economía y Empresas / España, Nº 222 Junio de 2017

Padre Jaime Garralda S.J., presidente de honor de la Fundación Padre Garralda–Horizontes Abiertos

Juan Comas

El padre Jaime Garralda S.J. ha dedicado toda su vida a poner en marcha proyectos solidarios que den una nueva oportunidad de vida a los sectores más desfavorecidos de la sociedad. El más importante de su trayectoria es, sin duda, la Fundación Padre Garralda–Horizontes Abiertos, creada en 1978 tras pasar 16 años conviviendo en un poblado chabolista del sur de Madrid, donde pudo conocer de primera mano y de forma sostenida los problemas y miserias de las familias más pobres. Concebida para ayudar a los presos a rehacer sus vidas una vez han cumplido su deuda con la Justicia. La fundación se vuelca especialmente con aquellas madres que tienen hijos menores de tres años y que se encuentran con ellas en las cárceles españolas. Más de 35 años de trayectoria que han servido para impulsar la integración social y la reinserción laboral de miles de personas. También es Asesor Nacional de la Confederación de Federaciones de Asociaciones de Viudas (CONFAV), que creó con un pequeño grupo de viudas, a quienes animó a no pedir, sino a dar, a no quejarse, sino a ayudar, a dar a conocer el Evangelio y que se ha extendido por toda España y ha logrado ser un movimiento nacional muy grande, totalmente organizado desde la base por ellas.

¿Por qué motivos puso en marcha la Fundación y cuáles fueron los objetivos que se fijó? ¿Qué colectivos son objeto de sus acciones?
Horizontes Abiertos nace hace 35 años por un motivo principal: por Jesucristo, porque soy cristiano. Mi objetivo era dar esperanza a sectores marginados de la sociedad mediante determinados proyectos que pretenden facilitarles el acceso a una vida normal y digna. Trabajamos especialmente con madres de hijos pequeños que, debido a sus condiciones de vida, corren riesgo de caer en la exclusión social, sobre todo aquellos menores de tres años que se encuentran en la cárcel por el cumplimiento de condena de sus progenitoras. También realizamos acciones para drogodependientes y personas sin hogar. Hay que darles apoyo y asistencia para que rehagan sus vidas, por lo que disponemos de varios hogares con el fin de que terminen allí sus condenas y se vayan preparando para dicha reinserción.

Háblenos de dichos hogares de los que dispone la Fundación Padre Garralda-Horizontes Abiertos.
Se trata de una serie de casas destinadas a madres presas con sus hijos, menores de tres años. Uno de ellos dispone de tres plantas para madres que sacamos de prisión con sus pequeños y, como apuntaba, pasan los últimos periodos de su condena allí, hasta que la cumplen. Tenemos, asimismo, varios pisos pequeños para ese momento en que salen de la cárcel y no tienen dónde ir. Contamos con otros tres pisos para que los internos puedan gozar de sus permisos penitenciarios y adaptarse a la libertad. A estos hay que sumar otras varias viviendas destinadas a otros sectores de acción: menores infractores, jóvenes y universitarios no delincuenciados. Finalmente, un edificio grande con capacidad para atender a un centenar de drogodependientes que han pasado por la cárcel o se han encontrado durmiendo en la calle.

Otros sacerdotes centran su predicación en devociones, rosarios, grutas de apariciones de la Virgen, confesiones, sacramentos, “no a la píldora” ¿Qué mensaje cristiano emite la labor de la Fundación?
Todo eso es bueno. Pero nada de ello está con fuerza en el Evangelio. Por supuesto, yo no soy quién para juzgarlos. El mandamiento de Jesucristo, el que determina ser o no ser cristiano, es sencillo: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado, y el que ayuda a su hermano cumple los mandamientos”. Por ello, quien quiera ser cristiano debe amar e imitar a Jesucristo. Su mayor reconocimiento irá a parar a aquellos que logren amar a sus hermanos más pobres, humillados y despreciados. A los marginados. Gracias a ellos pasan los años y cada vez sientes más fuerte el abrazo de Jesucristo: “lo que hicierais a uno de esos, a Mí me lo hicisteis”.

Sobre ello saben mucho sus voluntarios…
Todos nuestros proyectos se han puesto en marcha gracias a su ayuda desinteresada. Más de 800 voluntarios que aportan su tiempo a beneficio de los colectivos más desfavorecidos. Una red de personas que se encuentra distribuida por todo el país y que a través del trabajo logran no sólo los objetivos de reinserción de las personas beneficiarias de estos programas, sino del reconocimiento de las administraciones públicas, las instituciones dedicadas a la solidaridad y la asistencia social.

Pero esos voluntarios no trabajan solos. La Fundación dispone de un nutrido grupo de profesionales, ¿no es así?
Efectivamente. Se trata de un equipo multidisciplinar de 90 profesionales compuesto por psicólogos, trabajadores y educadores sociales, etc. Es la forma de facilitar a las personas beneficiarias de nuestros programas una asistencia integral que les posicione en la nueva vida que van a acometer tras la prisión y tras superar el riesgo de exclusión.

¿Qué resultados destacaría de todos estos años de trabajo incansable?
Haciendo un somero balance de las labores realizadas desde aquellos primeros momentos, la Fundación ha contribuido a que más de 40.000 personas optaran por plantearse una vida alternativa, un cambio, facilitándoles la oportunidad de normalizarse en la sociedad. Hemos ayudado a cerca de 2.000 bebés que se encontraban en la cárcel con sus madres y hemos colaborado en la recuperación de 6.000 afectados por el mundo de las drogas. En los años en que el SIDA era un mal que terminaba con todo aquel que contraía la enfermedad, pudimos sacar de prisión a un millar de terminales con el fin de que vivieran con nosotros. Y no podemos olvidar todos los miles de personas sin hogar a las que hemos ayudado a recuperar una vida y, sobre todo, la esperanza.

Según como usted habla, parece que en vez de tener que agradecerle su labor, es usted quien agradece a los otros que le permitan ayudarles
¡¡¡Claro¡¡¡ Gracias a ellos, a los excluidos, según pasan los años me siento más cerca de Jesucristo. Siento su abrazo más fuerte. Gracias a ellos pasa el tiempo sin experimentar ni un ápice de cansancio, sino todo lo contrario, experimentando la ilusión y el cariño. Nunca podré pagar todos los aspectos de sus vidas que han compartido conmigo. Por ello, invito a todos aquellos que sientan la llamada de la solidaridad a conocerles, a ayudarles. Les invito a que vengan y, si no pueden, a que nos ayuden de forma económica.