Bienvenido a Sector Ejecutivo, revista de Economía y Empresas / España, Nº 223 Julio-Agosto de 2017

Daniel Pérez Herrero, viticultor de Viña Pedrosa

José Luis Guerrero

Desde bien pequeño siempre tuvo claro que quería ser viticultor, y hoy por hoy, se considera un privilegiado por poder trabajar en una de las mejores bodegas de España, Viña Pedrosa, fundada por sus tíos, Benjamín y Manolo, y su padre, Adolfo, en el año 1980.

Se siente orgulloso de formar parte de una familia y de una bodega donde la viña y la enología son concebidas como una forma de vida, y no como un mero negocio.

“Nuestro objetivo es producir uva de la máxima calidad para elaborar grandes vinos; respetando siempre el ecosistema y contribuyendo al desarrollo del medio rural”. Así se muestra Daniel Pérez Herrero, un hombre comprometido con la tierra y las gentes que le vieron nacer.

¿Cuál es su trabajo en Bodegas Hermanos Pérez Pascuas?
Soy el responsable de viñedo junto con mi tío Benjamín Pérez Pascuas. En el año 2002, me incorporo profesionalmente, junto con mi hermano Adolfo, a Bodegas Hnos. Pérez Pascuas. El amor por la viña lo llevo en la sangre. Con tan sólo cuatros años mi padre me llevaba a vendimiar. A los seis, cogía la bici y me desplazaba a la viña donde estaban mis tíos para sarmentar con ellos. A la edad de doce años comencé a podar con mi tío Benjamín y su cuadrilla, guardo un magnífico recuerdo de las mañanas de los sábados de los meses de febrero y marzo, a las nueve de la mañana ya estaba en la viña con la tijera preparada.

¿Qué reclama más atención la viña o la bodega?
Ambas por igual. Pero si bien es cierto, el trabajo en viñedo siempre es más arriesgado, dependes de la climatología. Puedes haber desarrollado un trabajo sobresaliente a lo largo de todo un año y en cuestión de horas una tormenta de granizo o una helada severa, pueden arruinar por completo la cosecha y dejar secuelas de cara a la próxima campaña. La viña te puede proporcionar los mayores disgustos pero también las más grandes alegrías. Formar un viñedo y conducirlo a lo largo de toda una vida es una labor extraordinariamente gratificante. Poder mantener y mejorar un viñedo que ya existía 50 años antes de que yo naciera, está al alcance de muy pocos profesionales y me considero muy afortunado por poder trabajar diariamente con este tipo de vides cuyo valor es incalculable. Se crea un vínculo especial con la planta que te permite detectar su estado con un simple vistazo. Además, debo decir que el campo siempre es generoso con todos aquellos que se esmeran en su cuidado.

Su tío Benjamín es considerado como uno de los gurús en el cuidado de la viña, ¿Ha sido su maestro? ¿Qué ha aprendido de él?
He aprendido muchísimo de él y sigo aprendido con él. Es muy inteligente y trabajador, tiene un “sexto sentido para el viñedo”. En los años 80 cuando muy pocos agricultores apostaban por la viña, él estaba plenamente convencido del potencial del viñedo en Ribera del Duero para producir uva de extraordinaria calidad. Puede presumir de ser uno de los mejores maestros viticultores que haya tenido la Ribera del Duero a lo largo de su historia. Ha sido el mentor y consejero de muchos bodegueros ribereños (y de otras regiones productoras de nuestro país) que consiguieron poner en marcha viñedos y bodegas gracias a su ayuda desinteresada e incondicional. De él he aprendido a “sentir” el campo. Con él he crecido como profesional y como persona.

¿Usted bebe vino o cerveza?
Soy un apasionado del buen vino y siempre que puedo aprovecho para catar nuevas elaboraciones de las distintas regiones productoras, dentro y fuera de España, con o sin Denominación de Origen. Catar constantemente vinos muy diferentes te permite desarrollar tu paladar disfrutando de las bondades de cada territorio. Probar un vino es una forma de disfrutar de la historia, de la cultura y de la idiosincrasia de un territorio.