Bienvenido a Sector Ejecutivo, revista de Economía y Empresas / España, Nº 226 Noviembre de 2017

Antonio Romero-Haupold Caballero, presidente de AEMAB

Diego Roves

La Asociación de Empresas del Mercado Alternativo Bursátil (AEMAB) es una agrupación empresarial que promueve y defiende los intereses del MAB y sus empresas cotizadas. Su presidente, Antonio Romero-Haupold, es probablemente el mayor inversor de este mercado -ha invertido en todas las compañías que actualmente se encuentran en este mercado- y, sin duda alguna, la voz defensora de mayor autoridad en el país. Con él realizamos un viaje por las grandes ventajas para la salud de las empresas que ofrece el MAB, las peticiones a las Administraciones públicas para incentivar las inversiones, especialmente, para conseguir un entorno competitivo de mayor atractivo, de modo que las posibles inversiones no se escapen a otros países de Europa, y elaboramos una necesaria radiografía del estado en que se encuentra el ecosistema inversor de España.

Antes de nada, ¿qué es el Mercado Alternativo Bursátil?
El 90% de la financiación española es bancarizada. Una de las alternativas a la financiación tradicional que hay en el mundo es el MAB, un mercado para empresas que crecen rápidamente o que son disruptivas, es decir, que los productos que ofrecen son diferentes. Estas empresas no obtienen financiación de entidades bancarias, bien porque los bancos no les siguen el ritmo o porque no entienden esas disrupciones. De este modo, estos mercados permiten que inversores especializados dediquen capital a estos proyectos, consiguiendo que obtengan ese rápido crecimiento. Son compañías muy innovadoras y podemos decir que forman la punta de lanza del sector privado español.

¿Qué ventajas obtienen?
Aparte de la financiación, tienen ventajas como ser una empresa cotizada, es decir, existentes en el mercado. En Latinoamérica esto tiene muchísima importancia, por ejemplo. Además, siendo una empresa cotizada, estás otorgando una serie de protocolos y procedimientos a los trabajadores, obligándoles a cumplir en sus tareas una serie de estándares de calidad para mantener a la empresa en el MAB y seguir cumpliendo esos requisitos. Otro tema es la valoración, ya que una compañía que cotiza, por el hecho de ser líquida, vale más que una empresa que no cotiza. Así, por ejemplo, permite que empresas familiares tengan asegurada su continuidad en caso de que alguno de los herederos no desee seguir con la sociedad, ya que pueden vender en el mercado sin necesidad de disolverla. También se consigue que la compañía esté más afianzada y goce de mayor credibilidad ante procesos de adquisición y fusión.

¿La fiscalidad que soportan los inversores en el MAB es la más idónea para potenciar el mercado? 
No, y esa es una de las carencias que tiene España. Los países compiten, ya sea en fiscalidad, en mercados o en leyes laborales, por ejemplo. Y España está por detrás de toda Europa, ya que muchos países cuentan con una fiscalidad especial para este tipo de empresas e incentivar a que los mercados funcionen. El MAB en España no tiene suficiente liquidez porque no tiene esa fiscalidad que apoye al inversor. En todos los países de Europa, cuando se invierte en el mercado alternativo no se paga hasta que se saca el dinero del mercado. Sin embargo, en España se paga cada vez que se gana. Así, un inversor que tienen que elegir dónde invertir su dinero, se va a ir a otros países antes que a España. Nosotros estamos intentando promover modelos como el de Inglaterra. Allí, si los inversores ganan dinero tienen un escudo fiscal, que te permite deducirte una cantidad, y si pierdes también te deduces de otro impuesto. El inversor del MAB tributa, aunque reinvierta la plusvalía, mientras que en Inglaterra tiene excepción fiscal en la inversión y puede compensar las pérdidas. Tenemos una enmienda preparada para incluirla en las discusiones del Senado. Tenemos claro que son necesarias medidas concretas como una política única con respecto a las ayudas a inversores y compañías, unificar también los requisitos de información por el regulador entre el mercado continuo y el alternativo, el derecho a conocer a los accionistas, un mismo plazo de adquisición preferente de acciones para ambos mercados, así como la creación de una mesa formada por sector público y privado que dé seguimiento de forma constante a los asuntos del MAB.