Bienvenido a Sector Ejecutivo, revista de Economía y Empresas / España, Nº 256 Julio-Agosto de 2020

Tribuna: Son tiempos para ejercitar la paciencia

José Miguel Sánchez.

Psicólogo motivacional, experto en empresas y deporte. Profesor IE Business. Coach con más de 3.000 horas de coaching ejecutivo.

www.jmiguelsanchez.com

En los años 70, en la Universidad de Stanford se hizo un experimento con niños de cuatro y cinco años a los que se les dejaba solos en una habitación, durante 15 minutos, y se les daba una chuche. La investigadora les decía que si no se la comían, cuando volviera tendrían una segunda, pero que si se la comían antes de que ella volviera, no tendrían más.

Lo interesante de este experimento no fue cuántos se comieron la chuche, sino el seguimiento que se hizo durante parte de la vida de estos niños. Los que no se la comieron, diez años después, eran vistos por sus padres como adolescentes muy competentes y con muy buen expediente académico.

Cuando estos niños alcanzaron la mediana edad, se analizaron sus cerebros con imágenes y descubrieron importantes diferencias entre ambos grupos. El área prefrontal del cerebro, relacionada con la reflexión y la cognición, era más activa en los que no se comieron la chuche. En los otros, el área del cerebro más activa era la zona del cuerpo estriado, un área que juega un papel importante en la recompensa y motivación. Es decir, estos niños se dejaban seducir más fácilmente por la tentación de la chuche, en el momento.

Vivimos en un mundo donde la paciencia es cada día más necesaria. Necesitamos tomarnos tiempo para comprender lo que nos está pasando como sociedad y como especie y no tratar de entenderlo todo rápidamente, frustrándonos en el proceso.

Veníamos de un mundo donde queríamos todo para ahora mismo y el COVID-19 nos ha mostrado que, de vez en cuando, hay que parar para avanzar.

Aun así, muchas de las personas con las que hablo me dicen que están trabajando más horas con el teletrabajo que antes. La paciencia en los jefes y directivos no está siendo siempre la que se necesita para sacar lo mejor de los colaboradores, en este entorno en el que nos encontramos.

La paciencia se relaciona con la tolerancia a la frustración y es cierto, que en las empresas hay mucha frustración causada, porque han bajado los clientes, los objetivos se sabe que no se van a cumplir, muchos de los colaboradores tienen miedo al contagio o a perder su puesto de trabajo, etc. En definitiva, es el momento de ser más pacientes para tener una mayor tolerancia a dicha frustración.

El objetivo es aprender a posponer la gratificación para encontrar otra mejor más adelante. Es decir, si sólo trabajamos en el corto plazo, lo estaremos haciendo de forma reactiva y probablemente no sea suficiente. Hemos de ser capaces de trabajar en mantener el negocio a flote, pero teniendo nuestra mente en el medio y largo plazo, para ver nuevas posibilidades, que en la etapa pre COVID-19 no hubiéramos siquiera imaginado.

Hoy en día, nos estamos dando cuenta de que el teletrabajo, que tanto ansiábamos, ha venido sin orden ni estructura y está generando mucho estrés que, en algunos casos, no se está gestionando bien. Queremos que la otra persona se conecte rápidamente, porque entendemos que está de guardia y esperando nuestra llamada para responder a nuestras peticiones. Una vez más, la necesidad de control aparece en escena.

Cuando queremos controlar una situación, si no lo conseguimos, nos volvemos impacientes y comenzamos a generar emociones negativas como enfado, frustración e incluso tristeza. Y entonces, ¿qué podemos hacer para mantener la paciencia en un entorno tan incierto y desconocido como el que estamos viviendo, en estos momentos? Hay varios comportamientos que nos pueden ayudar a generar esta habilidad, en momentos de la verdad.

1. Encontrar momentos de relajación y reflexión para tomar decisiones, desde un estado más tranquilo del cerebro y que nos permita conectar con emociones como la serenidad y la templanza.

2. Dividir los objetivos, que nos proponemos, en partes más pequeñas para ir obteniendo recompensas, mientras voy recorriendo el camino.

3. Tener planes de contingencia, en caso de que el objetivo principal no sea posible conseguirlo.

4. Vivir en el momento presente y disfrutarlo para así aprender a posponer la gratificación y gestionar mejor los niveles de dopamina en el sistema de recompensa del cerebro.

5. Elegir objetivos que nos generen compromiso, motivación y pasión por conseguirlos.

6. Entender para qué queremos conseguir ese objetivo, consiguiendo entonces que la espera sea más lógica y entendible por nuestro cerebro, porque sabrá que la recompensa será más significativa.

En resumen, deberíamos llevarnos un poderoso aprendizaje de esta inédita experiencia que nos ha tocado vivir: la paciencia nos ayuda a ser más competentes, porque es una cualidad de las personas con visión estratégica y que trabajan no sólo en el corto, sino también en el medio y largo plazo. La paciencia también se puede entrenar y afianzar y éste es un buen momento para hacerlo y comenzar a ponerla en práctica.