Bienvenido a Sector Ejecutivo, revista de Economía y Empresas / España, Nº 257 Septiembre de 2020

TRIBUNA DE OPINIÓN - VÉRTIGO

Marta Blázquez 

Vicepresidenta ejecutiva de Faconauto 

El pasado 11 de mayo los concesionarios de cada rincón de nuestro país volvieron después de haber pasado dos meses cerrados al público. Fue un volver si haberse ido; un abrir sin haber cerrado; un atender a sus clientes si haber dejado de atenderles… un hacer, en definitiva, lo que mejor saben hacer. Todos los días tengo la oportunidad de hablar con muchos de estos empresarios hacia los que siento una gran admiración, por su dedicación y su fortaleza, y todos ellos coinciden en señalarme que, tras reanudar la cotidianidad de sus negocios, lo que sienten es vértigo. ¿Por qué, si se puede decir que están curtidos en mil batallas? Pues porque no saben a lo que se enfrentan, no tienen referencias (la de la crisis de 2008 no es comparable con esta otra) sobre todo de cuál va a ser el comportamiento de los clientes: ¿Querrán comprar? ¿Cuánto tardarán en replantearse de nuevo el cambio de su coche? Las preguntas son sencillas, pero esconden la semilla alrededor de la cual gira todo el sector. Lo venimos recordando desde los días más duros de la pandemia: la automoción nace y crece desde el momento en el que en un concesionario se produce una venta. 

Cómo no entender el vértigo. La situación es tan excepcional, rara… desconocida. Y, sin embargo, la percepción que tenemos desde Faconauto es que los concesionarios están volviendo con optimismo y con la certidumbre de que el trabajo que han hecho para estar preparados tras la última crisis les ayudará ahora a salir antes de esta. Creo que hay unas cuantas ideas fuerza que han aprehendido. En primer lugar, que su obsesión ha de ser, más que nunca, asegurar la rentabilidad y la liquidez, lo que les obligará a replantearse muchas de las cosas que daban por sentadas antes del 14 de marzo, y priorizar sus decisiones, entre las que destaco el avanzar hacia la digitalización de todos sus procesos… todos incluye la venta. La tecnología se ha revelado como la gran salvadora, como la gran oportunidad. Prestar soluciones online a los clientes ha de convertirse en el gran objetivo, y en esto vamos a ver cómo se aceleran procesos. Además, ha quedado claro que las concesiones deben estar preparadas para afrontar cualquier nueva contingencia o recaída para asegurar la continuidad de sus operaciones, pase lo que pase: no se pueden permitir volver a cerrar sus instalaciones durante tanto tiempo. Para ello, una vez más, habrá que echar mano a lo digital. Finalmente, otra idea fuerza que quiero destacar es que el fortalecimiento del colectivo y la unión de los concesionarios a través de sus asociaciones y de su patronal, Faconauto, es clave para salir de esta crisis, ya que sólo desde esa unión nos estamos asegurando la mejor interlocución con el Gobierno, CCAA, los sindicatos o el resto de patronales, y sólo así también tendremos unas relaciones más sólidas con las empresas proveedoras de las concesiones, lo que repercutirá en su rentabilidad; y, sobre todo, nos permite visibilizar la importancia de este empresariado en la generación riqueza por todo el país, con más de 161.000 personas con empleo fijo y cualificado. Esto sí es hacer sociedad, no hay nada más social que el empleo. Lamentablemente, este empresariado que representa más del 3% del PIB, para muchos políticos pasa desapercibido, por la dificultad de ver la foto en su conjunto debido a la capilaridad de este sector. 

En la situación más difícil que se recuerda (y ya llevamos unas cuantas), los concesionarios están sabiendo moverse con rapidez para sacar adelante sus proyectos. Últimamente hemos visto como Nissan anunciaba la deslocalización de su planta de Barcelona, con lo que todo el acervo, la experiencia y el tejido productivo y humano vinculado a esa planta se perderá de la noche a la mañana. Y esto viene a cuento porque la actividad, las inversiones, el empleo o el impacto social que generan nuestros concesionarios son plenamente españoles y están firmemente enraizadas y ellos nunca se van a ir, podrán cerrar por falta de viabilidad, pero no deslocalizarse. Este es uno de los elementos diferenciadores y genuinos de nuestro sector. ¿Acaso no hay un concesionario en cada pueblo grande o capital de provincia de España? ¿Acaso no lleva ahí toda la vida? Pues bien, y vuelvo al hilo que estaba siguiendo, hay que potenciar esta riqueza en un momento de transformación en el que la distribución, como también he dicho, está siendo protagonista y vanguardia en dos de los aspectos que van a cambiar muchas cosas: digitalización y transición ecológica. Merecerá la pena apostar para que se mantenga este tejido empresarial y no se fomente, por ejemplo, que la venta directa de vehículos se haga sin contar con ellos; si fuera así, venderían otros países y se cerrarían demasiadas empresas en nuestras tierras. Y esto, sinceramente, también incrementa el vértigo que hoy sienten los concesionarios y, en general, los empresarios. Cuidemos con certidumbre y trabajo lo que no sostiene, con las cosas de comer no se juega.

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