Bienvenido a Sector Ejecutivo, revista de Economía y Empresas / España, Nº 259 Noviembre de 2020

TRIBUNA DE OPINIÓN - La inversión responsable es rentable

Jaime Trujillano Goya 

Portfolio Manager en Julius Baer Gestión

En los últimos 25 años, más de 1.000 millones de personas lograron salir de la pobreza extrema, y actualmente la tasa mundial de pobreza es la más baja desde que se tienen registros. El gran culpable ha sido el capitalismo 

El capitalismo se basa en tres pilares básicos como son la libertad individual, el derecho de propiedad y el ahorro. Si estos existen, el empresario busca satisfacer las necesidades de los consumidores en plena libertad, arriesgando y sacrificando su consumo hoy para invertir en factores de producción, como maquinaria o salarios, para obtener un beneficio futuro. En definitiva, busca un fin y para obtenerlo, utiliza y valora unos medios (recursos escasos). Con el tiempo la acumulación de capital gracias a este proceso, hace productivo un país y mejora los salarios reales, por tanto, el capitalismo cumple una función social, a través de la colaboración mejora las condiciones de vida y el resultado es la reducción de la pobreza. 

El empresario necesita de información para acometer una inversión y una de las más importantes son los precios de las cosas como factores productivos, materias primas, bienes, servicios etc… El precio seguramente más importante son los tipos de interés tanto de corto plazo como de largo plazo de los activos libres de riesgo, y el activo libre de riesgo, por antonomasia, es el tipo a 10 años americano. Este tipo funciona como coste de oportunidad, es decir, es el retorno que se pide a una inversión para que valga la pena tomar ese riesgo, ya que la alternativa sería invertir en el tesoro americano a 10 años “sin riesgo”. 

Pues bien, ¿cuál es la situación actual? Desde la crisis “subprime” en Estados Unidos y la crisis del Euro hace ya más de 10 años, los Bancos Centrales más importantes del mundo, como son la FED, Banco Central Europeo, Banco de Inglaterra, Banco de Japón y Banco Popular de China, se han dedicado a inyectar liquidez al sistema y bajar los tipos de interés a incluso negativo para evitar una crisis sistémica de graves consecuencias. Pero como decía Henry Hazlitt: “El arte de la Economía consiste en considerar los efectos más remotos de cualquier acto o política y no meramente sus consecuencias inmediatas”; es decir, arreglan un problema inmediato, pero manipular un sistema de información clave como son los tipos de interés puede traer consecuencias negativas. Es verdad que se evita una caída del sistema en el corto plazo, pero puede distorsionar la estructura de capital de la economía en el que se producen inevitablemente malas inversiones. Aunque parezca contradictorio, las recesiones ayudan a limpiar el sistema de malas inversiones, pero actualmente se están utilizando recursos para sostener sectores y empresas zombis. 

No creo que la fiesta de liquidez a la que estamos asistiendo termine bien. No digo que no sea necesaria por un periodo corto de tiempo, pero los políticos tienen incentivos a corto plazo y prefieren que su imagen no se vea dañada a retirar el ponche de la fiesta. 

Antes decía que el capitalismo era necesario como función social, pero tenía mala prensa. Algunos le aplican el adjetivo de salvaje basándose en que, en ocasiones, la mera búsqueda del beneficio ha traído consecuencias negativas como daños medioambientales, sociales o de gobierno corporativo. Es importante que cada uno de nosotros tengamos unas herramientas de comportamiento moral que nos ayuden a ver lo que representa la empresa en su conjunto y no sólo el beneficio puramente económico; de hecho, tener esta ética en la mayoría de las ocasiones es incluso más rentable económicamente. Uno de los peores comportamientos humanos es la búsqueda del beneficio a corto plazo que tantos perjuicios ha provocado, por ejemplo, sin ir más lejos, el caso de Enron. Este es evidente, pero si una empresa maderera se dedica a talar árboles y no replanta el área talada, además del daño medioambiental, se quedará sin recursos en breve periodo de tiempo; o si otra empresa trata mal a sus proveedores, clientes o empleados acabará por volverse en su contra. 

Los inversores son cada vez más conscientes de invertir según unos valores. Desde hace años se ha ido desarrollando la inversión en base a unos criterios medioambientales, sociales y de gobierno corporativo (ESG en sus siglas en inglés) y hoy en día, según el informe “Global Sustainable Investment Alliance” la inversión en mercado de capitales siguiendo criterios ESG supone ya un tercio del total. 

En Julius Baer hemos querido ir un poco más allá. En 2016 lanzamos un fondo de inversión llamado Temperantia donde aplicamos no sólo criterios ESG, sino también criterios católicos dando respuesta a una demanda de algunos clientes que en ocasiones tenían dificultades para invertir en coherencia con sus valores. ¿Y cómo lo hacemos?, básicamente invertimos en compañías que no atentan contra la Doctrina Social de la Iglesia, por ejemplo, no invertimos en empresas que utilizan embriones para estudios clínicos. El hecho de invertir bajo estos criterios no supone sacrificar rentabilidad, la rentabilidad del fondo desde su inicio el 31 de mayo del 2016 a 30 de junio de 2020 es del 20% contra -20% del Ibex o +5,40% del Eurostoxx. 

Como decía San Juan Pablo II en su encíclica Centesimus Annus en su punto 36, “La opción de invertir en un lugar y no en otro es siempre una opción moral”.