Bienvenido a Sector Ejecutivo, revista de Economía y Empresas / España, Nº 299 Junio de 2024

Nina Prodanova, fotógrafa

Carmen Peñalver

El primer archivo fotográfico de la familia Prodanov data del año 1912, se trata de unos negativos de cristal que fueron guardados por Peter Prodanov y han pasado de generación en generación hasta el día de hoy. La pasión por la fotografía también se ha ido heredando, y se está manteniendo en la familia a pesar de las diferentes vivencias que ha experimentado durante estos 112 años.

Háblenos de su historia y de la de su familia.
Todos los hombres de la rama familiar paterna tenían, además de la fotografía, otras dos o tres actividades que desarrollaban y de las que dejaron huella. Mientras intentaba explicarme a mi misma la curiosidad e inquietud constante con diferentes temas de campos muy dispares, me di cuenta de que ese perfil autodidacta, curioso y emprendedor lo he heredado de ellos.
Mi bisabuelo Peter era profesor de dibujo y manualidades en el colegio de Lom, Bulgaria, también enseñaba alemán, tenía un pequeño taller de muebles de mimbre, donde además de vender diseños únicos hechos con sus manos, acogía a jóvenes del orfanato y les enseñaba un oficio. De todo ello hay imágenes gracias a su pasión por la fotografía.
Su hijo, mi abuelo Bobi Prodanov, trabajó como profesor de electrónica y radiotécnica, fundador del Club de Radioaficionados Regional, con el que obtuvo muchos premios y reconocimientos a nivel nacional, fue una de sus grandes pasiones. Su padre le enseñó a su vez todo lo que sabía de fotografía, mezclaban y desarrollaban sus propias fórmulas químicas para revelar los carretes y positivar las fotografías en papel. No se separaba de su cámara con la que documentaba absolutamente todo lo que pasaba en la ciudad y los alrededores. Colaboraba con los periódicos de la zona y también observaba la vida cotidiana. Una parte de su obra fotográfica esta conservada en el museo local que él mismo donó en vida y otra parte de sus archivos con fotografías inéditas fueron descubiertos en la casa familiar años después de morir. Ahora estamos inmersos en un precioso y emocionante trabajo de digitalización, identificación y tratamiento de todo el archivo que dejó. Hay más de 600 carretes, es decir más de 20.000 fotogramas y decenas de notas y apuntes detallando todo lo que fotografió. Parte de este archivo formará parte de una exposición en el Archivo Municipal de Montana, región a la que pertenece la ciudad natal de la familia. Lom es una pequeña ciudad portuaria del Danubio, con un pasado que prometía un futuro esplendido pero truncado por temas políticos. Ahora mismo pertenece a una de las zonas declaradas “más pobres de la Unión Europea”.
Mi padre Alan Prodanov es el hombre del cambio, el inquieto buscador de un lugar al que llamar hogar, porque cosas de la vida, nunca sintió la calidez ni el acogimiento del lugar donde nació. A pesar de tener un negocio en el mundo de la fotografía y publicidad establecido lo dejó todo con 40 años y eligió Madrid como destino para empezar de cero, porque todo pasa por algo, y tras largos meses de una travesía durísima como inmigrante ilegal, consiguió los papeles y reunir a su familia en lo que sería nuestro nuevo hogar. Mi madre, mi hermano y yo llegábamos a un Madrid luminoso, colorido y cálido en julio de 2001.
Tenía 12 años, no sabía decir mucho más que “hola”, pero desde que se abrieron las puertas de la sala de llegadas del aeropuerto de Madrid supe que podría llamar a este lugar “mi hogar”. De repente me sentí en casa. Empecé las clases en septiembre, recibí un apoyo increíble por parte de mis profesores, el director y jefe de estudios del instituto público en el que estaba estudiando me ofrecieron todo lo que necesitaba para adaptarme y aprender, y pude ponerme al nivel de mis compañeros enseguida.
Llegó el momento de pensar en mi carrera, y aunque tenía pasión por el idioma y las letras, valoré muy seriamente elegir periodismo, en el último momento un giro inesperado me llevo a decantarme por artes. No obstante, siempre supe que la estructura tradicional de hacer una carrera, buscar trabajo por cuenta ajena, etc… era algo muy lento para mi. Yo quería crear una formula propia, dinámica, donde aprender en entorno real y salir a la vida laboral pronto, muy pronto. Así que renuncié a hacer una carrera a pesar de tener una nota que me permitía entrar en casi cualquier especialidad que hubiera deseado. Decidí emprender. El emprendimiento ha sido mi carrera, mi máster, mi leit motif de vida y enfrentarme cada día a un nuevo reto, sin duda ha sido mi mejor elección. Para cuando mis compañeros estaban terminando sus carreras, y enfrentándose recién a tocar por primera vez el entorno laboral, yo llevaba 3 años en ello. Esta fórmula no es para todo el mundo, pero yo no la cambiaría por nada.