Bienvenido a Sector Ejecutivo, revista de Economía y Empresas / España, Nº 223 Julio-Agosto de 2017

Benjamín Pérez Pascuas, el viticultor de Viña Pedrosa


José Luis Guerrero

“Tres en vaso al medio viento José Luis, esa es la clave”. Me insiste Benjamín cada vez que le acompaño a la viña. “La cepa conviene sea en vaso, a media altura (45 cms.) para recibir el viento idóneo y evitar enfermedades. Cada cepa debe tener tres brazos y cada brazo un pulgar y tres yemas. De este modo conseguiremos unos racimos excelentes, algunos de los cuales adquirirán la forma de una montera”.
Son las explicaciones de un viticultor sabio, de un hombre de cerca de 80 años que se ha pasado la vida en la viña, primero aprendiendo de su padre Mauro, y luego transmitiendo a su hijo José Manuel y a su sobrino Daniel los secretos para obtener la mejor uva tempranillo. Es Benjamín Pérez Pascuas, el mayor de los hermanos Pérez Pascuas y, por tanto, el patriarca de la saga, una saga familiar que ha recibido todo tipo de premios, distinciones y reconocimientos, durante los últimos años, por hacer como nadie uno de los mejores vinos de la Ribera del Duero: el Viña Pedrosa.

Usted es un experto viticultor ¿considera que el cuidado de la viña es primordial para la obtención de un vino?
Sí. No se puede elaborar un gran vino si no hay una uva de calidad. Esa materia prima para que sea excelente tiene que partir de un esmerado cultivo del viñedo desde el conocimiento, la técnica y también la intuición. Las viñas expresan mucha información y el viticultor sabio debe interpretarla para conseguir la excelencia. El control de la producción es primordial para lograr la calidad máxima y este concepto lo tengo muy claro desde que comencé a ir a las viñas con mi padre Mauro. Tan sólo tenía 12 años.
¿Cuáles son las labores más importantes que hay que realizar en la viña a lo largo de todo el año?
La viña requiere un seguimiento muy cercano durante todo el ciclo vegetativo. La poda de invierno, la poda en verde, desnietado, aclareo de racimos, el control de la maduración y la realización de una vendimia manual muy selectiva. Hay muchas fases claves y siempre hay que estar vigilante. Yo me levanto todos los días a las siete de la mañana y a las nueve ya me hecho el recorrido por los viñedos. En la soledad y silencio de la mañana, con el canto de los pájaros, es uno de los ratos más felices del día y me permite tomar las mejores decisiones.


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