Bienvenido a Sector Ejecutivo, revista de Economía y Empresas / España, Nº 227 Diciembre de 2017

Daniel de Fernando, socio fundador y director de MdF Family Partners

Juan Comas
 
En casi todas las civilizaciones y en casi todos los tiempos, la familia ha sido una de las instituciones más queridas y respetadas y la unidad familiar uno de los valores más buscados por la mayor parte de las personas. Este fenómeno, casi universal, tiene especial importancia en aquellas familias cuyo liderazgo y espíritu emprendedor les ha llevado a impulsar y dirigir proyectos empresariales en torno a unos valores e identidad familiares y a alcanzar un patrimonio relevante dotado de una específica misión familiar. La pertenencia a una familia de estas características dota a sus miembros de una responsabilidad personal, familiar y, también, social mayor, y le proporciona grandes oportunidades. Para ello, es necesario que la familia se mantenga unida en torno a unos principios y valores básicos, propios y estables que conforman la misión del patrimonio familiar. Una identidad familiar de estas características conlleva, en general, una excepcional fuerza generadora de valor para sus miembros y para la sociedad en su conjunto. Pero también supone fuertes retos y exige sacrificios personales, según explica Daniel de Fernando, socio fundador y director de MdF Family Partners. La gestión del patrimonio alcanzado, en el sentido más amplio de la palabra gestión, es cada día más compleja. De ahí, la razón de ser de este ”family office” española que nació con el objetivo de que el patrimonio familiar sea un activo que conservar y disfrutar y nunca una fuente de conflicto.
 
Háblenos del concepto family office.
Originalmente, los primeros family offices surgen en Estados Unidos a finales del siglo XIX, para dar salida a esta necesidad que tenían algunas de las familias más importantes del país de gestionar de manera profesional su propio patrimonio. Eran, por tanto, oficinas dedicadas a una única familia, y con una estructura muy diferente en cada caso. La evolución de este concepto llevó a tener estructuras muy caras para satisfacer todas esas necesidades y así se vio la necesidad de agruparlas en empresas que defendieran los intereses de varias de esas familias, con total independencia. En algunos casos, tenían un enfoque principalmente legal, y otras fundamentalmente financiero. En ocasiones respaldaban a una familia con una fuerte actividad empresarial y en otras a familias que invertían básicamente en activos financieros. A veces, actuaban por cuenta de la familia, que delegaba en ellas de forma total, y otras eran simplemente órganos asesores. Estas diferencias pueden encontrarse también hoy, si bien lo cierto es que debido fundamentalmente a la complejidad que ha alcanzado nuestra sociedad y nuestra economía, cualquier family office que pretenda hacer bien su trabajo debe estar integrado por un grupo bastante numeroso de profesionales de primera línea de varias disciplinas. Éste es el caso de algunas oficinas familiares bien conocidas, tanto en España como en otros países. Lo importante en todo caso es que sean realmente objetivas respecto a la gestión y recomendaciones, así como que respondan a las necesidades de la familia fundadora.