Bienvenido a Sector Ejecutivo, revista de Economía y Empresas / España, Nº 222 Junio de 2017

José Luis García Palacios, presidente de la Caja Rural del Sur

Fernando Arnaiz

José Luis García Palacios (Huelva 1936) es un veterano emprendedor con mucho criterio y sentido común. Decano del sistema financiero español y presidente de la Caja Rural del Sur y del Grupo Cooperativo Ibérico, ha sido galardonado por el Gobierno con la Gran Cruz de la Orden del Mérito Agrario por su papel en la agricultura andaluza y recientemente ha ingresado en la Academia de Ciencias, Artes y Letras de Huelva. Este agricultor, ganadero, empresario, banquero y expolítico de la transición (UCD) es, sobre todo, un personaje de acción; su trayectoria personal y profesional lo demuestra. Desde hace medio siglo, no ha parado.

Sin duda es usted un hombre polifacético, ¿un emprendedor nato?
Lo que siempre me ha movido es la vocación de dar impulso a la agricultura. Y así ha sido desde joven, cuando falleció mi padre y tuve que interrumpir los estudios (que continué por libre) para hacerme cargo de la empresa agropecuaria familiar. Desde entonces, y tras adquirir conciencia de la necesidad de asociación del sector agrario, mi vida profesional ha discurrido estrechamente ligada al cooperativismo agrario y de crédito.

En este sentido, ¿qué papel han jugado las cajas rurales en el asociacionismo agrícola español?
Las Cajas Rurales, que son instituciones financieras de características muy singulares, han desempeñado históricamente un papel trascendental en el desarrollo del sector agrario español. En la actualidad juegan un papel absolutamente relevante en la necesaria e inevitable renovación de nuestras estructuras financieras, más allá de su peso cuantitativo en el sector, lo que tiene mucho que ver con su carácter de cooperativas de crédito, entidades en las que la misión social se une de forma indisoluble a la actividad meramente económica.

¿Cómo nacen las Cajas Rurales?
En España, el asociacionismo de crédito surgió mucho más tarde que en el resto de Europa, al contrario de lo ocurrido con los Montes de Piedad y Cajas de Ahorros, que tenían ya una fuerte implantación en nuestro país. Este hecho, junto con un ámbito territorial que se circunscribía al medio rural y a sus empresas y profesionales, explica el menor crecimiento cuantitativo de las Cooperativas de Crédito, que se han mantenido hasta nuestros días con una cuota minoritaria de la actividad financiera, en relación con los dos grupos mayoritarios, Bancos y Cajas de Ahorros. Hoy, la mayoría de las Cajas Rurales, conservando su personalidad y la autonomía de gestión, actúan estrechamente coordinadas y aprovechan las economías de escala que les proporciona el Grupo Nacional, formado por un conjunto de entidades cuya situación general contrasta con el panorama general de la crisis financiera del país. No obstante, también entre ellas están teniendo lugar operaciones de agrupación, que en el caso de Caja Rural del Sur se concretan en un proceso en marcha de fusión con Caja Rural de Córdoba, para consolidar un grupo crediticio poderoso y solvente en Andalucía occidental. Sin embargo, existen serias dificultades para que se culmine un proceso similar con Caja Rural de Extremadura.

¿Quiénes son los principales clientes de una Caja Rural como la que usted preside? y ¿Por qué estas entidades se han mantenido al margen de la debacle financiera?
En primer lugar, somos un banco universal y, por lo tanto, así lo son nuestros clientes, aunque hayamos nacido en el marco de la actividad agrícola y rural. Es más, (sonríe) nosotros descontamos letras antes que las cajas de ahorro. En relación a la segunda pregunta, las cajas de ahorro fueron modélicas durante el franquismo, pero en la democracia se politizan y pierden su carácter social. Además, las Autonomías han hecho mucho daño a las cajas, ya que se han puesto en manos de aquellos que manejaban intereses electorales. No es el caso de las cajas rurales, en las que siempre ha habido democracia. A mí nunca me ha obligado nadie a hacer nada.