Bienvenido a Sector Ejecutivo, revista de Economía y Empresas / España, Nº 222 Junio de 2017

Mónica de Oriol Icaza, presidenta del Círculo de Empresarios

Juan Comas

Desde que se creó en 1977 el Círculo de Empresarios, la institución ha intentado no sólo salvaguardar los intereses de este colectivo, sino mirar por aquellos principios y valores que son valiosos y que generan riqueza para la sociedad española. Cuestiones de relevancia y problemas que afectan al día a día de las compañías se dan cita en el Círculo, que elabora informes y estudios que sirven como baremo al Gobierno de España de en qué situación se encuentra la economía y la sociedad civil de la nación, ámbitos en continuo cambio que requieren recomendaciones, diagnósticos y hojas de ruta, directamente elaborados desde esta organización. Su presidenta, Mónica de Oriol Icaza, habla en esta entrevista sobre temas de vital importancia para el estado de salud actual de la empresa española. Primera mujer presidenta del Círculo de Empresarios.

¿Qué resumen nos puede hacer de 35 años de historia y a qué personas destacaría como auténticos impulsores y continuadores de la institución?
Nace con una vocación muy novedosa en España: hacer entender que las empresas crean empleo en España y traen bienestar y que aquellos países que tienen un tejido industrial potente son los que menores tasas de paro muestran. Por ello hay una correlación directa entre empresa y trabajo, y el trabajo es la mejor manera de combatir la desigualdad. La desigualdad no se combate solo a través de transferencias entre los que más tienen hacia los que menos tienen, sino ofreciendo oportunidades de trabajo y realización a todas las personas. El Círculo nace en 1977 con ese objetivo y realmente los siete presidentes lo han promulgado y han ido aportando novedades. La etapa más influyente fue, en mi opinión, durante la Transición, ya que despertó la responsabilidad social de muchos empresarios que entendían que podían contribuir a la comprensión del valor de una economía libre y abierta como fórmula de creación de empleo y prosperidad. También tuvo mucha influencia durante la entrada en el Mercado Común Europeo, donde el Círculo apoyó esa integración española con todos los miedos que había que superar, pero confiando en las bondades de la liberalización e impulsando su divulgación.

Prácticamente la totalidad del empresariado de este país considera que es un despropósito el peso de las cotizaciones sociales que soportan las empresas. ¿Piensa usted lo mismo?
Absolutamente. De hecho, el Círculo ha elaborado un documento recientemente, que ha presentado ante el Ministerio de Trabajo, y otro, sobre la Reforma Fiscal, donde se ha hecho un análisis comparativo en el que España aparece como uno de los tres países con las cotizaciones más elevadas. Pero, además, descubrimos que es el país con la cuota obrera más baja, y la cuota empresarial más alta. A esto hay que sumar que, de los seis millones de parados que hay en España, aproximadamente cinco millones son desempleados, con perfiles no cualificados. A la hora de competir globalmente, siendo empleo deslocalizable, en el resto del mundo se encuentran costes más bajos, por lo que no existe manera de ofrecerles puestos de trabajo que tengan ventaja comparativa. Si a esto le sumamos que encarecemos el trabajo por la vía de las cotizaciones, aunque los salarios en España sean bajos en comparación con Europa, se multiplica el efecto negativo con cargo al empresario. Por ello, una de las propuestas del Círculo es que se cambie el modelo fiscal en el que se penalice menos con impuestos al trabajo y se suba el IVA, ya que preferimos que, aunque suban los precios de productos y servicios, haya más gente con empleo que pueda comprar esos productos o servicios y que tengan oportunidades.

¿Le parece mal que la industria española siga perdiendo peso en el PIB de la nación?
Hay una correlación positiva entre industria, innovación y productividad. España tradicionalmente ha ido perdiendo industria en favor de servicios, donde los caladeros de productividad y competitividad son menores, ya que apenas se exportan. El sector de la hostelería y de la restauración es local; se puede atraer turismo, pero donde vienen las innovaciones es donde hay industria, ya que hay innovación y tecnología que son generadoras de oportunidades a las exportaciones. Sin una conciencia de esta realidad y ante la carencia de políticas económicas favorables a la inversión industrial, reducimos el crecimiento potencial futuro, ya que las políticas industriales son a medio y largo plazo, lo que choca con las políticas frecuentemente cortoplacistas, más dirigidas a ganar o mantener votos que a mirar al futuro.

[Sigue en la versión impresa]