Bienvenido a Sector Ejecutivo, revista de Economía y Empresas / España, Nº 223 Julio-Agosto de 2017

Inma Shara, directora de orquesta y compositora

Rosa Monedero

Verse frente a un pentagrama vacío, como es un libro en blanco, nunca había sido tan desafiante para ella. Inma Shara, directora de orquesta y compositora, ahora se pone en el papel de escritora y lanza, con el sello editorial Conecta, el libro ‘La batuta invisible’, un título dirigido al tejido empresarial, en el que plasma su experiencia al frente de la gestión de un equipo tan multidisciplinar y lleno de talento particular como es una orquesta. Una labor, la de dirección de agrupaciones musicales, que guarda multitud de semejanzas con las tareas y el perfil de los ejecutivos empresariales. En las siguientes líneas, esta talentosa vitoriana hace un repaso por su propia historia, sus propias habilidades y su trayectoria en un mundo igual de apasionante que el de la empresa: sacar lo mejor de cada uno de los músicos que componen la orquesta y poner su talento al servicio de la sociedad, pero siempre en armonía con el resto del conjunto.

¿Qué cualidades debe tener un buen director de orquesta? ¿Qué parecidos encuentra con un buen ejecutivo de empresa?
Sensibilidad humana, aplicar la inteligencia emocional. Hay que tener en cuenta que cuando diriges una orquesta estás aglutinando todas las individualidades artísticas, estás potenciando y optimizando los talentos. Un líder de un grupo debe cambiar actitudes en pro de potenciarlas. Un líder de orquesta no debe ser solamente un buen técnico, sino un buen gestor de equipos para generar la armonía. Hoy los liderazgos se dan bajo la batuta de la implicación, la responsabilidad, la autocrítica, la generosidad… Creo que esto es fundamental para desarrollar su labor con credibilidad, dignidad y pasión. Y precisamente de ahí, vienen las similitudes con los gestores en las empresas.

¿Es difícil la relación de un director de orquesta con el resto de sus componentes?
Es apasionante, es lo que puedo decir. Gestionar colectivos humanos, cómo se reconocen los intereses “comunes”, cómo se va puliendo cada talento, cómo se gestiona la inercia y cómo a través de los ensayos se van modificando las actitudes. No es nada fácil, porque esto es como todo, en este mundo también hay divos y egos, pero siempre existe sensibilidad que, junto a la actitud, se va dando forma sesión a sesión, sutilmente, y todo gracias a la gestión de equipos. Y van surgiendo lazos afectivos que dan a luz a esa música que luego emana del grupo. Nuestra labor como directores de orquesta es detectar los talentos, gestionarlos y potenciarlos para que crezcan.

¿Cómo la convenció el sello editorial Conecta para abordar el libro titulado “La batuta invisible”?
No es sencillo el sentimiento de sentarse ante un pentagrama vacío y prepararse para hacer una retrospectiva de tus conocimientos, porque la mayor parte de ellos vienen a través del propio aprendizaje de los años. Cuando se habla del talento, para mí se sostiene en unos pilares como son el esfuerzo, el trabajo bien hecho, la responsabilidad, etc. Y tú ejerces tu profesión de la manera más amable, pero siempre con batuta. La propuesta me dejó algo perpleja, porque para mí este liderazgo es algo tan natural que no lo entiendo como algo muy importante, no te sientes nadie como para reflejarlo en un libro. Pero, desde luego, ha sido una experiencia enriquecedora, estoy encantada y doy gracias a Conecta por ello, porque también te da la posibilidad de poner en valor la música clásica, y es algo que los que nos dedicamos a ello agradecemos profundamente.