Bienvenido a Sector Ejecutivo, revista de Economía y Empresas / España, Nº 221 Mayo de 2017

Miguel Bordoy, presidente y socio fundador del grupo de empresas Trablisa

Toni Traveria

Trablisa, en su amplio abanico de servicios, es una de las empresas de seguridad privada más antiguas de España, puesto que fue constituida en Mallorca en 1975. Con el tiempo se ha convertido en un grupo empresarial que, aun en tiempos de crisis, ha dejado de estar sólo en Baleares para llegar a la península, cuenta con una plantilla de 3.500 trabajadores y mejora sus cuentas de resultados año tras año.

Su cabeza visible es Miguel Bordoy, un empresario de vocación que siempre ha tenido una visión de la jugada estratégica privilegiada. En los últimos 15 años, Bordoy ha compaginado su trabajo al frente de Trablisa con la presidencia de la Asociación Industrial de Mallorca (ASIMA) y de la Asociación Balear de Directivos.

¿De qué manera se autodefiniría como empresario, señor Bordoy?
Soy un empresario de vocación. El empresario necesita esa vocación, porque mantiene una lucha constante durante toda su carrera profesional y porque en realidad existe la llamada soledad del directivo: muchas veces uno se encuentra ante barreras que hay que superar con prudencia, con riesgo y con sabiduría. Esa sabiduría se adquiere a lo largo de los años sobre la base de las distintas experiencias vividas. Tengo claro que si hubiera sido médico, por poner un ejemplo, no hubiera sido sólo un médico de consulta, sino que hubiera tenido además algún negocio paralelo (ambulancias, hospitales…) porque así lo siento. Sería un profesional, pero además empresario. Quiero decir con ello que mi vocación es ser empresario: la prueba evidente es que tengo una empresa que mantengo y que ha gozado y goza de un éxito reconocido en la sociedad mallorquina.

¿Qué retos de futuro o futuro inmediato tiene ante sí Trablisa?
He dicho muchas veces que nosotros estamos vendiendo algo que no existe: la seguridad no existe, existe la inseguridad, que es lo que nosotros combatimos. Durante muchos años, las empresas de nuestro sector hemos ido detrás del delincuente, que inventaba nuevas fórmulas para delinquir y nosotros teníamos que inventar nuevas fórmulas para atajar el avance de la delincuencia. Pero todo ha evolucionado mucho: hoy en día las alarmas son instantáneas, con transmisión de imágenes, cuando antes lo que teníamos era un cristal que vibraba y la hacía sonar, y podía tratarse de un golpe de un pájaro... Estos avances no sólo han redundado en beneficios de las empresas, sino también del cliente y de la Administración, de modo que la actuación policial pueda ser selectiva y no conlleve una pérdida de tiempo y de recursos.

Las sinergias entre la empresa de seguridad privada y la seguridad pública se tornan, entonces, más que aconsejables totalmente necesarias…
Totalmente, es así. El tiempo ha demostrado que nosotros somos su ayuda. Esa ayuda ha sido reconocida y aceptada, lo cual es verdaderamente importante.

La crisis ha afectado a todos los sectores empresariales.¿Hasta qué punto la han notado ustedes?
Nosotros no hemos notado la crisis en la contratación de servicios, sino en el cobro de esos servicios. Muchas empresas se han visto con problemas para pagar, en muchos casos también porque sus proveedores tenían asimismo problemas económicos; una cadena por tanto. Donde también ha habido problemas ha sido con la Administración, que ha tenido sus altibajos… De la Administración siempre cobras, la cuestión es cuándo.
¿La crisis como oportunidad, como dicen algunos? No, no lo creo, soy rotundo en ello. No he notado que la crisis supusiera una oportunidad para un mejor desarrollo. ¿Por qué? Porque en el ámbito privado (y más en la esfera doméstica que en la industrial) los primeros gastos en ser suprimidos son los fijos, y ahí estamos las empresas de seguridad.