Bienvenido a Sector Ejecutivo, revista de Economía y Empresas / España, Nº 224 Septiembre de 2017

Gabriel Coll, consejero delegado de Quely

Toni Traveria

Ubicada desde sus inicios en el centro de Mallorca, Quely y sus productos son un símbolo para la isla. Pero para conseguir que no sólo los mallorquines los conozcan y consuman, los directivos de la empresa (con el consejero delegado, Gabriel Coll, al frente) han apostado fuerte por la internacionalización. Los resultados les dan la razón. Desde 2012 viene creciendo, y cuenta, además de la central de Inca, con delegaciones en Menorca, Ibiza, Barcelona, Madrid y México, y una oficina comercial en Miami.

El propio nombre de la empresa, Quely, también tiene su miga… ¿Nos cuenta de dónde surge?
Llegó un momento en el que la empresa, Can Guixe, quería salir al exterior, pero el nombre era difícil de pronunciar en la península. Entonces, se decide buscar un nuevo nombre. Los socios (Jaime y Gabriel Doménech Coll, que eran los hijos del fundador) tenían predilección por Grace Kelly, y tuvieron ocasión de conocerla con motivo de su boda con Rainiero de Mónaco en Formentor. De ese encuentro nació la idea de bautizar a la empresa como Quely, con la misma fonética pero con ligera variación en la escritura. Cabe decir que hemos hecho muchos anuncios jugando con esta pequeña pero importante historia, y nos ha valido el reconocimiento en importantes festivales nacionales e internacionales.

Durante 150 años (se dice pronto), la familia Doménech fue la encargada de la dirección y gestión de la empresa… A lo largo de tanto tiempo, cabe suponer que hubo momentos buenos y otros no tanto. En 1993, un cortocircuito deja en ruinas la fábrica… Sin duda, debió ser un duro golpe.
Hablamos del momento más difícil en la historia de la empresa; es un hecho absolutamente atípico ante el que poco o nada puedes hacer. Se inició un sábado de madrugada en el mes de agosto, fruto de un cortocircuito en unos depósitos de aceite. La fábrica quedó totalmente destrozada. Gracias al hecho de que contábamos en el grupo con otra empresa de pan, pudimos seguir produciendo las galletas. Sin duda, fue un punto de inflexión importante. El mallorquín, que ya tenía mucha estima por los productos de esta casa y los consumía, si cabe los hizo más suyos. Es decir, Quely pasó a ser Mallorca. Fue un momento en el que nuestro producto pasó a ser un símbolo para Mallorca y los mallorquines.

¿Queda algo artesanal en el proceso de elaboración de los productos? Dicho de otro modo, ¿se puede respetar la tradición artesanal de la fabricación de sus productos y, al mismo tiempo, ser competitivo no sólo en España, sino también a escala internacional?
Nosotros seguimos fabricando las galletas igual que siempre, de la misma forma que hace muchísimos años, con los mejores ingredientes y las hacemos donde las tenemos que hacer, en Inca, por eso son galletas de Inca.

En 2009, ustedes nombraron al tenista Rafael Nadal como embajador de Quely en el mundo…
A mi modo de ver, Rafa Nadal y Quely compartimos muchos valores: el no rendirse, el sacrificio, la lealtad, mantener el equilibrio, el ser buena persona… Fue relativamente fácil convencerle para que trabajara con nosotros y firmamos un contrato para que fuera nuestro embajador en el mundo y nos dio visualización en la esfera internacional. Al decir que nuestro embajador era Rafa Nadal, la gente nos miraba de otra forma.