Bienvenido a Sector Ejecutivo, revista de Economía y Empresas / España, Nº 258 Octubre de 2020

Marina Gloria, la dama del oro, CEO de KREMAR

Alfredo Urdaci

Si algo la define en la primera impresión es su curiosidad. Marina pregunta el porqué de las cosas hasta llegar a una respuesta que le convenza. Y después sigue preguntando más, atenta a cualquier matiz que indique contradicciones. Pone a prueba la seguridad de su interlocutor. Nunca acepta la primera explicación. Sabe que siempre hay más información en lo que no se dice que en lo que se manifiesta. Lleva algunos años en España, pero mantiene su acento ruso: algunos artículos que desaparecen, y las vocales, pronunciadas como si sonaran en el interior de una bóveda. Decía Nietzsche que la pasión y la tristeza emparentan el alma rusa con la española. Lo cierto es que esta empresaria del oro se siente aquí como en casa. Marina creó Kremar. Kremar tiene su sede central en Londres. La segunda en Madrid. Venden oro físico. Entre sus clientes hay inversores que compran kilos de oro, y otros que invierten doscientos euros al mes para crear un patrimonio de ahorro. Dominan un sector anticíclico: en las crisis el oro se vende más porque aumenta siempre su valor de mercado.

Me interesan sus orígenes como empresaria.
Es algo que viví en mi propia familia. Mis padres son empresarios. Así que crecí rodeada de planes y objetivos, y me alimentaron con la cultura del esfuerzo. Nada es fácil cuando eres empresario. Tienes que tener claras tus metas, pero lo más importante es la voluntad que pones en transitar el camino que te lleva hasta conseguirlas. Porque soñar está al alcance de todos, pero para llevar los sueños a la realidad hay que prepararse, hay que trabajar, olvidarse de las excusas y los pretextos, ser capaz de atravesar tormentas y no rendirse nunca. Eso lo aprendí en mi casa, y creo que es una educación que me hizo como soy, y por eso estoy muy agradecida a mis padres.

¿Y cómo fue su bautizo empresarial?
Al cumplir los dieciocho años mis padres me hicieron un regalo. Eran acciones de una compañía que mi padre compró cuando nací. Aquel regalo me sirvió para entender lo que es una empresa, sus cuentas, sus balances, el valor de su patrimonio. Y, sobre todo, para entender qué es la riqueza, cómo se crea, cómo es capaz de cumplir nuestras expectativas. Ser rico no es tener mucho dinero, ser rico es acumular posibilidades. 

¿Qué hizo con aquel capital?
Lo invertí en una cadena de supermercados. La fórmula consiste en crear una oferta de calidad a un buen precio para un consumidor urbano. A veces pensamos que en el sector de la distribución o en el de alimentación, que son sectores maduros, está todo inventado. No es cierto. El secreto está en encontrar fórmulas nuevas para hacer las cosas de otra manera, en tener claro cuál es tu misión, y no descansar hasta que lo consigas. Mercadona es un gran ejemplo de esto que digo.

Sin duda. ¿Cuál fue su siguiente etapa como empresaria?
He tocado muchos sectores. Por ejemplo, el de los restaurantes y los locales de ocio. También, en España, el de la construcción. Creo que cuando eres empresaria se trata de aplicar los mismos procesos a diferentes actividades, aunque no las conozcas. Primero tienes que hacer una profunda inmersión, prepararte, conocer muy bien los secretos de cada actividad antes de lanzarte. La inversión más importante es siempre la que dedicas a tu propia formación. Porque el capital más relevante de una empresa, el imprescindible, es el capital humano. Si tienes buen capital humano, si tus equipos son buenos y están bien formados, y están alineados con los objetivos del líder, entonces el éxito llega.

¿Por qué el oro? Y ¿por qué Kremar?
Kremar nació después de años de estudio y conocimiento del mercado del oro. Y de la formación de un equipo de profesionales con un gran conocimiento de los mercados internacionales y del marketing. Mire, yo tengo un lema en la vida empresarial que dice que si quieres ir rápido debes ir solo, pero si quieres llegar lejos debes ir acompañado. Vamos a añadir que debes ir bien acompañado. En este caso somos profesionales que tienen los mismos objetivos, que nos complementamos muy bien, que nos entendemos sin necesidad de hablar, que tenemos la misma cultura empresarial. Y también la misma visión sobre los negocios.

No me ha respondido al porqué del oro.
A veces las personas, los profesionales, confluyen, se encuentran, y deciden dar un paso común, un paso como equipo. Coincidimos varias personas que habíamos estudiado a fondo los mercados del oro, su producción, y su venta. Veníamos en el mundo de una crisis como la de 2008 que fue muy dura. A nadie se le escapa que el oro es un metal que tiene una altísima rentabilidad a largo plazo. Mire los números. En el año 2.000 un kilo de oro costaba 11.000 dólares. En 2020 ese mismo kilo se cotiza a 54.500 dólares. El oro ofrece seguridad, liquidez inmediata, un refugio para el ahorro.