Bienvenido a Sector Ejecutivo, revista de Economía y Empresas / España, Nº 278 Julio-Agosto de 2022

Juan Carlos Gil Rubio, director general de Moderna España y Portugal

Diego Roves

La farmacéutica Moderna comenzó a ser conocida en España en los inicios de la pandemia por la COVID-19, cuando las conversaciones públicas acerca de las vacunas empezaban a ser generalizadas. Una vocación por el bienestar de la sociedad mundial que se materializaba en solución preventiva tras años de trabajo sobre el ARN mensajero, estudiando los principales coronavirus del planeta que generan los catarros y resfriados más comunes. Su acuerdo con la española Rovi ha permitido multiplicar su capacidad de producción y distribuir desde nuestro país vacunas contra la COVID-19 a más de 60 países. No obstante, Moderna tiene compromisos con la sociedad que van mucho más allá de solucionar esta pandemia. Compromisos firmados con la OMS para tratar de solucionar las 15 enfermedades que más preocupan al mundo contemporáneo y que ya empiezan a materializarse, con ejemplos como el primer ensayo clínico para la vacuna contra el VIH, puesto en marcha hace escasas semanas.

¿Desde cuándo Moderna en nuestro país y con qué objetivos?
Fue en inicios de 2020 cuando nos instalamos en el país, y nuestros objetivos a corto plazo eran ayudar a hacer frente a la pandemia. Queríamos reducir el impacto de la COVID-19 en España, no sólo en número de fallecimientos, sino también minimizar la incidencia en la sociedad.
España ha sido un país muy golpeado por la pandemia de COVID-19 desde todos los puntos de vista: sanitario, económico, social, etc. Como sociedad y desde los distintos organismos públicos responsables de la gestión, desde la OMS hasta el Gobierno, ¿qué diría que hemos hecho bien y qué ha sido y es mejorable?
Con el gran impacto de la COVID-19, creo que las cosas se hicieron muy bien. Con el tiempo, uno puede pensar en que hay cosas que se podrían haber hecho mejor, pero dadas las circunstancias en España creo que la situación se gestionó correctamente.

¿Cómo puede haber personas que critiquen a las farmacéuticas por no sacar una vacuna de manera rápida?
No es sencillo obtener una vacuna, de hecho, es muy complejo. No obstante, suelo ser bastante comprensivo con aquellas opiniones que surgen desde el desconocimiento hacia un área concreta. Una vacuna puede tardar una media de 8 o 10 años en desarrollarse, y el mismo tiempo en ponerse en marcha. De hecho, tenemos vacunas que ahora mismo conviven con nosotros tras 35 años, lo que quiere decir que son productos duraderos, aunque tarden mucho en llegar. Nuestras vacunas suponen un salto tecnológico tan sustancial que permiten que seamos mucho más rápidos y precisos a la hora de crearlas. También hay que tener en cuenta otro elemento de la ecuación que son las patentes, y es que una vacuna es un producto diferente a un medicamento, por lo que las patentes no son iguales. Un medicamento es un tratamiento utilizado cuando uno está enfermo, y al administrarlo se tiene que admitir que hay cierto nivel de efectos secundarios. Pero una vacuna se administra sobre una persona sana, por lo que lo deseable es que no haya efectos secundarios y, además, se le exige un nivel de eficacia muy alto. Una vacuna por debajo del 90% de eficacia es cuestionada.
Sí me gustaría apuntar que Moderna no tenía en sus planes estar comercializando actualmente ningún fármaco o vacuna. Nuestra compañía lleva 11 años trabajando en la plataforma del ARN mensajero, investigando los cuatro coronavirus principales que son los causantes de los resfriados o catarros comunes. Este conocimiento nos ha permitido ser tan rápidos a la hora de obtener una vacuna. Esta situación aceleró nuestra llegada a la población.

Pasados ya más de dos años desde el inicio de la misma y todavía con efectos residuales, ¿cuándo cree que podremos darla por finalizada? ¿Cuáles son los riesgos que todavía están presentes?
Es muy difícil de saber y prever. Tenemos muchos expertos que podrían pronunciarse sobre esto, y pueden pasar muchas cosas. Por ejemplo, la variante Omnicrom nadie la esperaba y surgió por sorpresa, ya que genéticamente no procedía de ninguna de las variantes que existían. Lo que hay que aceptar es que vamos a tener que convivir con este virus y sus variaciones, y el ser humano tiende a asumir hasta lo más crítico. Hemos llegado a normalizar un número de fallecimientos que es realmente alto, porque no se puede estar sufriendo a diario. Debemos extraer aprendizajes y seguir adelante.