Bienvenido a Sector Ejecutivo, revista de Economía y Empresas / España, Nº 284 Febrero de 2023

José Ramón Perán González, director general del Centro Tecnológico CARTIF

José Luis Guerrero.

Su madre, Josefa González Aguado, fue una de las pioneras de la investigación en España y se podría decir que en el mundo en la medida que aparece en publicaciones con personajes de la talla de Margarita Salas o Marie Curie a quien conoció. Podríamos decir aquello del refrán “de casta le viene al galgo”.
José Ramón Perán González es uno de los ingenieros más prestigiados de España. Ha recibido la distinción de Mención Honorífica a la Mejor Trayectoria Profesional, un galardón otorgado de manos del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Madrid y el Consejo General de Colegios de Ingenieros Industriales como reconocimiento a su amplia carrera académica y profesional.
Perán es director general del Centro Tecnológico CARTIF y profesor emérito de la Universidad de Valladolid. Este reconocimiento conmemora su amplia carrera académica como Doctor en Ciencias Físicas por la Universidad de Valladolid, Doctor Ingeniero Industrial e Ingeniero Industrial en las Especialidades Eléctrica y Mecánica por la Politécnica de Madrid y Licenciado en Ciencias Físicas y Ciencias Económicas por la Complutense.
Además, su carrera profesional ha estado marcada por otros grandes hitos como la creación de CARTIF, liderando su dirección general, y su etapa de director de la fábrica de Carrocerías de Renault en Valladolid, de Aprovisionamiento de España y Portugal, o la Fábrica de Mecánica de Valladolid.

Señor Perán. Usted dirige el centro tecnológico más importante de Castilla y León y el sexto de España. ¿Podrá decirme en qué situación se halla este sector en nuestra Comunidad y en el conjunto del país?
Los centros tecnológicos (CTs) fueron creados en 1996. CARTIF nació antes como Asociación de I+D+i, de acuerdo con el RD 2516/1980. El motivo de su creación es impulsar la investigación aplicada y su transferencia a las empresas para aumentar su eficiencia técnica y su capacidad competitiva, con tecnología creada en España, no en la compra de patentes exteriores. Desgraciadamente, una parte muy importante de las empresas de todos los sectores económicos nacionales han tardado mucho en entender que el camino del éxito pasa por la investigación e innovación propia. Claro, eso implica dedicar recursos, cuyo retorno no siempre está garantizado.
El desarrollo real de los CTs comenzó al inicio de los 90, cuando los gobiernos autonómicos al calor de los fondos FEDER comenzaron a financiarlos. Este proceso ha sido muy desigual, la idiosincrasia regional fue decisiva. Los resultados también.
En este momento los CTs de CyL, presentan un panorama muy diverso, en tamaño, actividad especifica, presencia nacional e internacional, y también ambición. En CyL están siendo impulsados por las autoridades autonómicas “de forma sensible”. Se ha creado muy recientemente una asociación regional de todos ellos. Para aumentar la eficiencia del conjunto y la cooperación entre los mismos. Estamos en los primeros pasos.
En España los CTs juegan un papel relevante en la investigación aplicada, en la transferencia de tecnología a las empresas y en la captación de fondos internacionales, esencialmente europeos.

CARTIF es el acrónimo de Centro de Automatización, Robótica, Tecnologías de la Información y la Fabricación. Usted fue fundador de este centro. ¿Qué fue lo que le impulsó a ponerlo en marcha?
El nombre y como resultado el acrónimo, fue debido a que, cuando quisimos registrarlo, tuvimos que ir añadiendo letras, iniciales de nuestros conocimientos, hasta conseguir una denominación libre.
Lo pusimos en marcha todo el equipo del departamento de Automática de la Escuela de Ingenieros de Valladolid. El objetivo fue aprovechar el instrumento recientemente creado de los CTs para optimizar la labor de transferencia de técnica y de conocimientos, que ya realizábamos desde el Departamento Ingeniería de Sistemas y Automática, a las empresas regionales. La normativa de estos permitía una acción mucho más ágil, al ser organismos privados. Bien es verdad que el riesgo era muy alto, ya que no existía protección pública. El éxito depende de la capacidad de resolver problemas empresariales y conseguir los contratos. Además, había que ir a convocatorias en concurrencia competitiva, con universidades, organismos públicos o privados de investigación.