Bienvenido a Sector Ejecutivo, revista de Economía y Empresas / España, Nº 284 Febrero de 2023

Pablo Nuevo, secretario general de la Universitat Abat Oliba CEU

Paloma Serrano

Pablo Nuevo es Licenciado en Derecho por la Universidad Pontificia de Comillas-ICADE y doctor en Derecho Cum Laude por la Universidad San Pablo CEU. Nuevo inició su carrera profesional en el departamento de Derecho Público de Garrigues en su oficina de Madrid. Posteriormente, desarrolló una intensa actividad académica, siendo en la actualidad secretario general de la Universitat Abat Oliba CEU (UAO CEU).
A nivel internacional, el secretario general de la UAO CEU ha sido ‘visiting scholar’ en la Regent University Law School y en el Instituto de Estudios Europeos, University of Notre Dame, además de haber participado en relevantes ponencias en universidades de todo el mundo. Es también miembro del Consejo Científico de la revista Prawo i Polityka, editada en Lublin (Polonia), y compagina su actividad académica con el ejercicio de la abogacía por medio del asesoramiento como Of Counsel a la firma Scire Law de Barcelona.

Se dice que en España hay un exceso de universitarios. ¿Es así?
Es evidente que en España hay muchos universitarios, pero hay que tener en cuenta que, con la legislación vigente, muchas titulaciones que antes no tenían carácter universitario han entrado en la universidad. En todo caso, y más allá de cómo analicemos los datos, sí hay una realidad: quienes tienen nivel universitario tienen una empleabilidad sustancialmente mayor que quienes no han ido a la universidad. Además, si realmente se tiene una experiencia formativa adecuada, la universidad proporciona una capacidad analítica y de pensamiento crítico que es cada vez más necesaria en un mundo cambiante como el actual.

¿Pero el nivel de formación de los universitarios es adecuado?
A grandes rasgos, creo que la formación que proporcionan las universidades españolas en el plano científico y técnico es más que aceptable. Es cierto que para los profesores universitarios es cada vez más difícil transmitir el conocimiento debido al descenso en el nivel de exigencia de la enseñanza media y el bachillerato, pero creo que podemos estar satisfechos en general. Otra cosa es que, con frecuencia, en el sistema universitario español no se valore adecuadamente la integración de las humanidades en el mundo científico y técnico, y eso, además de una gran pérdida cultural, dificulta la transmisión de ese conocimiento científico y técnico, pues a falta de un por qué y un para qué más allá de la utilidad, a los jóvenes les cuesta estudiar seriamente.

El CEU tiene centros en Madrid, Barcelona y Valencia, todos ellos de éxito y en crecimiento. La apuesta del CEU por los valores es un rasgo muy claro, pero ¿qué les diferencia de otras universidades?
El CEU es el primer grupo educativo privado de España, con más de diez colegios y centros de formación profesional en nuestro país. Además, cuenta con tres universidades (la Universidad San Pablo en Madrid, la Cardenal Herrera en Valencia, y Abat Oliba en Barcelona), además de un proyecto muy avanzado en Sevilla (Universidad Fernando III).
En los últimos años se ha hecho un gran esfuerzo y nuestras obras educativas son prósperas. En mi opinión, ser una institución sin ánimo de lucro es clave: permite a la dirección general planificar a largo plazo sin la presión de tener que repartir dividendos y poner lo económico al servicio de lo educativo, destinando una parte importante del presupuesto a becas y ayudas.
Respecto a lo distintivo de nuestras universidades, creo que es la insistencia en la formación integral -combinando excelencia técnica con el cultivo de las humanidades- y el compromiso del personal docente y de servicios, que se vuelca con los alumnos. No sólo nos preocupa “amueblar la cabeza” de nuestros estudiantes, sino acompañarlos en su proceso de madurez para que puedan ser buenas personas y desarrollar su proyecto vital.
En nuestro proyecto educativo, la clave de la formación integral es la generación de una relación académica y humana entre el profesor y el alumno de manera que el profesor establece una actitud de verdadero aprecio por el alumno, lo motiva en su relación con el conocimiento y favorece el desarrollo de habilidades intelectuales proponiendo también el crecimiento en virtudes personales. El deseo de aprender, la curiosidad y una sana ambición intelectual son necesarios para la proyección del alumno como persona y profesional.